Quizá es este aire de habitación inmóvil, con unas vistas condenadas a cadena perpetua, tras una verja blanca y oxidada. Quizá es la silla de respaldo roto, los cuadros torcidos, los libros anclados, el trabajo incansable, las postales que cogen polvo. Quizá es la ropa de verano aún en la cama, las chaquetas guardadas, este noviembre absurdo, de pacotilla. Quizá es por eso que no escribo.
Creo que es tiempo de pasar frío para acurrucar las palabras. Olvidando muertes pasadas y heridas secas. Que se baje el ego de su pedestal de tiempo, hace años que asesiné no sé qué camino.
A un paso, la eternidad de la historia tiene nombre de fruta. Y unas calles llenas de abrazos.
Me voy.
Pero vuelo.

... que un recuerdo feliz.




