20 noviembre 2009

Noviembre absurdo

Quizá es este aire de habitación inmóvil, con unas vistas condenadas a cadena perpetua, tras una verja blanca y oxidada. Quizá es la silla de respaldo roto, los cuadros torcidos, los libros anclados, el trabajo incansable, las postales que cogen polvo. Quizá es la ropa de verano aún en la cama, las chaquetas guardadas, este noviembre absurdo, de pacotilla. Quizá es por eso que no escribo.
Creo que es tiempo de pasar frío para acurrucar las palabras. Olvidando muertes pasadas y heridas secas. Que se baje el ego de su pedestal de tiempo, hace años que asesiné no sé qué camino.
A un paso, la eternidad de la historia tiene nombre de fruta. Y unas calles llenas de abrazos.

Me voy.

Pero vuelo.

10 noviembre 2009

Latir



No quiEro un amor
que mueRa
por Mi


...


quiEro un Amor
qUe vIVa
conmigo


Imagen: Audrey Kawasaki

26 octubre 2009

La espera

La experiencia pareció hacerles fuertes, pero no inmunes.
Después de tanto tiempo, él seguía colgando el último el teléfono, con la esperanza de que ella no lo hiciera, y ambos se quedaran callados, esperando la risa y el rubor de no querer despedirse el primero.
Después de tanto tiempo, ella seguía mirando por el retrovisor de su coche, por si algún día él volvía a quedarse en la puerta, despidiéndose, esperando a que ella girara la calle, con la mano aún levantada y el regazo ardiendo para el día siguente.
Los dos seguían esperando ese gesto. Pero ninguno lo reclamaba, porque el tiempo, aunque no mata el corazón, lo calla, y deja que el anhelo se vuelva hielo.
Porque a veces no hay cosa más triste...


... que un recuerdo feliz.

22 septiembre 2009

Ciegos, sordos y mudos

- ¿Qué crees que es peor: la ignorancia o la indiferencia?
- Ni lo sé, ni me importa.


07 septiembre 2009

Las calles dormidas

En esta ciudad del sur hay una calle que huele a pintura sólo a cierta hora del día. Es de esas calles por las que siempre pasas y nunca encuentras, y es a esa hora, cuando la gente ya se está retirando para almorzar, las aceras se vacían, y el calor es tenue entre los paredes viejas y los escombros.

El olor a pintura me recuerda el tiempo que llevo alejada de mis pinceles, ese olor a óleo, disolvente y trementina, a lienzo por empezar, que impregna mi piel y mi pelo, y que espero un día reconozcas como mío, cuando te acercas y me aspiras para que cierre mis alas.


La calle silenciosa, abierta por múltiples obras, parece que le extirpan las entrañas de tanto escarbar, y sangra la tinta que tantos días lleva en mis venas y no sale. Las palabras de ladrillo y de arena, los muros viejos, las reliquias de la piel de mil veranos. Septiembre se anuncia y de nuevo camino por las calles, al refugio de la siesta que no duermo.

11 agosto 2009

Con la arena

Con los pies plantados, la tierra seca y el mar por dentro, doy escasos frutos. Y los que maduran, terminan disecados y esparcidos, quizá muertos, o macerando, quizá esperando un destinatario capaz de olerme entre bocados.
Voy a talarme, de raíz, para que así cuentes los anillos de mi pecho; el tiempo perdido en la madera es carcoma, y vuelves a irte. Con la arena.
Así que me secaré yo también, me haré salada, imperturbable y fina, para deslizarme con la brisa justa que me lleve lejos. Porque ya da igual el camino, siempre que sepas,


que la distancia es si no volvemos.

22 julio 2009

El enemigo

En tu agónica búsqueda de la felicidad, amortajas bien tus ojos y te lanzas, a tu edad, a los clavos ardientes de la desdicha, con su melena rubia, parda y lacerante. Parece que, entre los gemidos, respiras satisfecho cuando te hieren sin motivo. Haces de tu sino la condena del hedonismo e, inconsciente e insistente, farfullas plegarias y dudas: Qué he hecho yo, qué he hecho yo, qué he hecho yo… Sin poner fin al castigo que te has impuesto.
Está en tu mano, te recuerdo.
Cuando decidas aceptar tus propias mentiras y sacarte los cuchillos, cuando el victimismo se te agote,
¿qué harás?
Demasiado joven como para estar cansado de luchar, demasiado maduro como para no saber lo que ocurre. Vas a tirar los granos de arena de tu reloj por la borda, dejándolos mojados de sal y húmedos de hiel, una permanente herida abierta que no dejas de rascarte.
Cuando decidas que ya no quieres más veneno
y escuches las verdades de los labios que te quieren
recuerda que sigo aquí
tratando de ayudarte.



Yo no soy el enemigo,
te susurro
para eso, mírate al espejo.

17 junio 2009

Salta...

- Tienes miedo.
- Pues sí.
- Y eso frena a los grandes.
- Frena a ésta grande.
- Vamos. Necesitas una pequeña aventura.
- ¿Por qué?
(...)
- ¿No es este el momento para ser joven? Elige tú. Hay gente que muere sin haber vivido de verdad un solo minuto. Sube conmigo...


...y habrás vivido un minuto de verdad.