24 octubre 2005

NY I


El viaje comineza con el despertador sonando a las 4am de aquí (10am en España) y varios intentos de estrellarlo contra algo... =) La noche anterior había tenido que cuidar a mis "peques" hasta las 10:30pm, lo que me llevó a terminar la maleta y depsedirme de la gente por el MSN hasta las 11:30pm...
A pesar de las insistencias de H. y T., sólo tomé de desayuno un té y una tostada; me preparé algo para el viaje de 4 horas y media que me esperaban en el bus, y salimos hacia la estación de autobuses en Washington a eso de las 5:15am. Mry llevaba una sola mochila, que no dejó en todo el viaje. Yo llevaba otra mochila y el bolso, que me acompañaría por la Gran Manzana con mi cámara, carretes, paraguas, provisiones y la cartera.
Generalmente los medios de transporte producen un efecto-sofnífero en mí, más aún si es un trayecto largo. Pero esta vez sólo conseguí llegar a posturas que me crujieran las cervicales moviendo el dedo meñique del pie derecho... Tras dos horas, hicimos una parada. El conductor lo dejó bien claro: "Paramos 10min, no estamos en una estación de servicios, ni en un centro comercial, ni ningún tipo de establecimiento donde puedan comprar; pueden bajar del coche si quieren, es una parada de reposo. Si no me han entendido, simplemente, no se bajen del autobús". El resto del viaje lo pasé escuchando a
Ricardo Arjona.

Manhatan apareció ante mí envuelta en bruma, lluvia y nubes. Mry. señaló entre los rascacielos cierto edificio terminado en punta y dijo que era nuestro hotel. "Se llama el Empire... algo, no me acuerdo bien." Varios viajeros nos miraron con cara de curiosidad. Yo aguanté la risa y seguí mirando por la ventana, componiendo el puzzle que las gotas de lluvia dejaban en el cristal. Tras bajar, lo primero fue quitarnos peso de encima. Cogimos lo necesario para el resto del día y dejamos las maletas en la estación de autobuses; por 3$ mi espalda libre y la envidia del encargado que tenía turno de tarde.
Lo siguiente fue tomar un café en uno de los cientos de Starbucks que hay por la ciudad.
Al salir del edificio, sonidos urbanos se mezclaban con el aroma de comida rápida y muchedumbre. Puestos de perritos calientes, lazos de pan y frutos secos en cada esquina. Vendedores de Rolex falsos y bolsos de cuero malo. Tres McDonalds en cada avenida. Edificios saludando a las nubes y taxis asesinos coloreando de amarillo el asfalto. Las tiendas mas pequeñas eran de dos pisos. Entramos en un Toys'r'us, en el que había una noria que llegaba desde el piso inferior al 4º; saqué la cámara de la funda y no la dejé hasta que llegamos al hotel por la noche. En esa misma tienda encontramos una réplica del tyranosaurus rex que Spilberg usó en Parque Jurásico, un Empire State amenazado por un King Kong hecho de LEGO y un nuevo juguete que daba vueltas y volaba como un OVNI.
Broadway estaba a dos minutos de la estación. A pesar de ser de día, las luces nunca se apagan; las puertas de los teatros y cines dejaban entre ver taquillas colapsadas al mejor postor y entradas relucientes del espectáculo de la noche. Si bien recorrí las mismas calles unas cuantas veces, no podría recordar cuál llevaba a qué sitio. Estaba chispeando y hacía bastante frío, pero neoyorkinos y turistas son insensibles a tales cosas. Las calles parecían moverse es un reguero de cabezas, gorros y chaquetas. Algunos paraguas salpicaban el río de almas estresadas con maletines hacia Wall Street.

Bajamos a las profundidades de la ciudad en busca del metro, que mostraba las entrañas de la Gram Manzana como un sin fin de túneles recorridos por gusanos de metal. Cualquier personaje es bienvenido: una señora con un gorro rosa y tacones de aguja, un hombre que tenía que agacharse para poder pasar por la puerta, un chaval con ropas de ganster y gafas de sol a pesar del tiempo de fuera. Nos dirigíamos al ferry para atravesar el río y llegar hasta Staten Island. No había nada en la isla que nos interesara; como muchos otros pasajeros, nuestra atención estaba en el mismo recorrido. En ver cómo Manhatan se hacía más pequeña a la par que pasábamos cerca de la Estatua de la Libertad. También podría decirse que era otra forma de hacerse una foto con Miss Liberty sin que nos cobraran un solo centavo.
Durante estos tres días no ha parecido encontrar españoles y alemanes por todas partes, a quien ayudar y nos ayudara cuando el acento neoyorkino resultaba ser un problema. En el ferry, sentadas al lado de Mry, un par de argentinas se quejaban del tiempo. Detrás de mí, dos germanohablantes discutían qué iban a hacer durante la noche.
De regreso a Manhatan, decidimos comer en Little Italy, zona que, com su nombre indica, estaba llena de restaurantes italianos, tiendas y "Bongiornos!" cada 3 metros. Cuando al fin decidimos el lugar donde recargar energías, soltamos las cosas con gesto de abandono y elegimos lo primero que encontramos reconocible en el menú. El local era mas bien pequeño, aunque al parecer, bien reconocido por los clientes. Las paredes estaban empapeladas con fotografías y autógrafos. Intentando no prestar atención a las manchas que las servilletas cubrían, pedí al camarero algo asi como una mezcla de pastas de la casa. Mry. pidió spaguetis a la marinera. El chico que nos servía tenía que ser el nuevo del lugar, pues el resto no hacía más que encargarle y azuzarle para que hiciera todo más rápido. El que parecía el encargado, mostró poca paciencia y malos modos, incluso con los clientes. Al salir, dí la propina directamente al joven, pasando por alto la cara de disgusto de su patrón. Roconfortadas y con fuerzas, seguimos pateando la ciudad.
Ya teníamos planeado los dos días siguientes y aquella noche preferimos dejarla para deambular. Entramos en las tiendas, a cual más cara, más grande y con menos clientes según nos acercábamos a la Quinta Avenida. Esta última tiene en su recorrido desde un par de iglesias, una catedral y parte de Central Park, hasta una de las entradas del Empire State y conexión con Times Square. Empecé a buscar algunos regalos y postales. Encontré sin problemas lo que quería para A., E., K., Crl. y V. Lo dificil fue encontrar algo para Tn. y Els., además de Ns. Decidida a no tener que patearme Washington a mi vuelta para comprar el resto de los recuerdos, me las ingenié para regresar al hotel con la mayor parte de las cosas que quería. Para la cena decidimos llevarnos algo de comida ya preparada. Escogí un recipiente y lo llené de fruta. Un muffing haría de postre. Serían las 7pm cuando cogimos el autobús que nos llevaría al hotel.
En recepción había una bandeja con cookies para los huéspedes. Había frigorífico, cafetera y plancha en la habitación. Tenía 20 postales a mi cargo, dolor de espalda y ganas de una ducha, un masaje y un brazo por almohada. Me conformé con un baño caliente.

2 comentarios:

conocido anónimo dijo...

Wow!!Vuelvo a llegar a la misma conclusion:me gusta leerte xD
Lo unico q te falta es alguien q te grabe e ir contandolo todo a camara, te convertirias en una de estas personas q salen los viernes en la 2 viajando por el mundo, con interesantes reportajes(creo q tb salen en el canal Viajar, pero weno)
Aunq, weno, dudo q esa idea te guste, xq me parece q tu, al = q yo, si es detras de la camara(sobre todo de fotos), mucho mejor xDD
Y ya puestos, te dejaron una digital??Hiciste alguna foto con ella??Puedes colgar alguna??O nos tendremos q esperar a verte para verlo todo?? Me imagino ya el tochaaaaazo de fotos q nos vas a enseñar xDD yuhuuuuuuu!!
Voy a leer el otro post, ahora vuelvo a commentar xDD
Ta ahora!

Ayanami

Carol dijo...

Extremadamente bien escrito. Me alegr oque lo hayas pasado bien!