07 septiembre 2009

Las calles dormidas

En esta ciudad del sur hay una calle que huele a pintura sólo a cierta hora del día. Es de esas calles por las que siempre pasas y nunca encuentras, y es a esa hora, cuando la gente ya se está retirando para almorzar, las aceras se vacían, y el calor es tenue entre los paredes viejas y los escombros.

El olor a pintura me recuerda el tiempo que llevo alejada de mis pinceles, ese olor a óleo, disolvente y trementina, a lienzo por empezar, que impregna mi piel y mi pelo, y que espero un día reconozcas como mío, cuando te acercas y me aspiras para que cierre mis alas.


La calle silenciosa, abierta por múltiples obras, parece que le extirpan las entrañas de tanto escarbar, y sangra la tinta que tantos días lleva en mis venas y no sale. Las palabras de ladrillo y de arena, los muros viejos, las reliquias de la piel de mil veranos. Septiembre se anuncia y de nuevo camino por las calles, al refugio de la siesta que no duermo.

7 comentarios:

De cenizas dijo...

Me gusta más tu calle :) ¿DÓNDE ES?

besos

Elena Martín dijo...

yo también quiero conocer esa calle :)
normalmente las calles (las de antes vaya) tienen olores que se quedan grabados en la memoria, la harina de los hornos, la humedad de las casas, los humos de las cocinas...y en invierno ese increíble olor de las chimeneas...
la imagen es preciosa, y tus palabras una vez más me dejan... ;)
échate una siesta, qué mejor momento que cuando en las calles no se oyen ya ni los ecos de zapatos sobre los suelos de piedra...

libertad dijo...

Veo los colores de tus lienzos en las fachadas de las casas...

pqueno dijo...

y, como siempre, llega septiembre, cargado de responsabilidades y anunciando grises

disfrutemos un poco más de este solecito, los días aún no han menguado tanto

abrazos ausientes y partidos desde el norte

DANI dijo...

Mi paleta se ha quedado sin colores la ver esa calle ;)

Besos caminantes

duna dijo...

me encanta septiembre...
recuerda q los sentimientos no se gastan como los lápices de colores :)

Max Verdié dijo...

La curiosidad mató al gato.

Veremos qué me hace a mí.

¿Cómo no recoger el guante de un desafío?