28 octubre 2005

NY III


Me alegré de haber recogido todo la noche anterior, pues el último día en Nueva York lo empezamos una hora y media antes que la mañana anterior. Mientras Mry. arreglaba en recepción la forma de pago, yo fui botando de sitio en sitio, hasta que dejaron una mesa libre. No me dí cuenta hasta que me senté, pero el sol brillaba fuera y no había rastro de nubes cercanas. Contenta con la perspectiva de gastar el par de carretes de fotos que me quedaban, desayuné tortillitas francesas y jamón ahumado calentito, fruta y un café. Antes de salir del comedor, cogí una manzana y la guardé en el bolso.

Cargada con mi mochila, el bolso y una bolsa de plástico con un bate de baseball que había comprado para mi hermano, esperamos al autobús, que llegó unos 15 minutos tardes. Esta vez pudimos sentarnos. El día anterior tuvimos que ir de pié, y Mry., por el traqueteo del coche, recibió las quejas de un tipo detrás de ella por que le estaba dando con la mochila. Al bajar, lo escuchamos hablar en alemán, quejándose de lo pequeño que son los autobuses en EEUU.

Volviendo al día que corresponde, al llegar a la estación de autobuses, volvimos a dejar las cosas en taquilla para no tener que cargarlas. Me atrevo a aventurar que fue por un mal desayuno o porque no se había entendido con el novio la noche anterior, pero la dependienta dijo en tono despectivo que no guardaban bolsas de plástico. No me hacía gracia tener que llevar el bate de baseball por todos lados, así que intenté meterlo en la ya petada mochila. Pero antes de que hiciera el amago, la chica dijo que tampoco podía meterlo en la mochila, pues quedaría medio bate fuera, y tampoco guardaban maletas con cosas saliendo de ellas. Con ganas de darle un uso al bate con su cabeza, y a las normas, dejé sólo la mochila y até la bolsa con el bate a mi bolso. Desde el 11S han quitado todas las taquillas de la ciudad, por miedo a otro atentado.

El sol deshizo la incomodidad de llevar el steak conmigo. Tenía la cámara preparada y no tardé en darle uso. Pasamos primero por la oficiona de información para averiguar dónde podríamos dejar la dichosa bolsa. Aproveché que Mry. se entretenía hablando para hacer uso de los ordenadores de la sala. Uno de ellos enviaba fotos tomadas desde allí. Feliz de llevar mi sombrero nuevo, envié un par de emilios con recuerdos de la Gran Manzana. Al regresar, Mry. me dijo que quizá en algún hotel nos guardarían la bolsa por unas horas. Decidimos probar suerte en uno, quizá no todo estaba perdido, como se suele decir. Y en el primero al que entramos, en el que por supuesto no pudimos dejar nada, estuvimos cosa de 45min subiendo y bajando pisos, hasta que dimos con el encargado de equipaje, que sonreía a uno de los clientes mientras este se quejaba de nimiedades. Con la misma sonrisa, nos despachó al saber que no estábamos registradas. De vuelta al ascensor, nos cruzamos por tercera vez con un hombre que supuse que era huésped e allí. La primera vez que lo vimos, estaba dejando unas maletas. La segunda, merodeaba cerca mientras esperábamos que el encargado nos atendiera. Entonces me dí cuenta que muchas otras clientas del hotel también llevaban sombreros (aunque supongo que mucho más caros) y que mi abrigo y el jersey calado a los hombros se parecía al modelo expuesto en la entrada. No se daba cuenta de mis tenis y el bolso con el bate de baseball.

Al salir, volvimos a zambillirnos en el metro, y nos bajamos en la Estación Central (esa que se ve en las películas, con grandes ventanales y una pareja besándose iluminada por un rayo de sol) Esta vez no había parejita, pero igualmente hice un par de fotos. Nos dirigimos al edificio de las Naciones Unidas. Era todo calle abajo, y todavía había poca gente en la calle. Acordamos comprar algo de comer para el viaje de vuelta en un Subway.
Pisamos suelo internacional.
Por alguna razón que no nos dijeron (o en la que no caimos) las banderas estaban quitadas. Un grupo de turistas se hacían fotos. Entramos en una carpa donde guardaban los bolsos y pasabas por un detector de metales. Había una cola de unas 20 personas, de una curiosa mezcla de nacionalidades (curiosa desde el punto de vista de un europeo, en NY hay personas de todas partes y de ninguna). Tras dejar nuestras cosas, pasamos a un hall dividido en secciones por tablones donde se exponían fotografías, la mayor parte de ellas de tierra tercenmundista. Nos hicimos de los tiquets para una visita guiada y esperamos a que nos llamaran. Ese día no había nadie que hiciera el recorrido en español, así que nos conformamos con el que se hacía en inglés. Deambulé entre los tablones y las fotos de niños con rifles y mujeres de ojos hundidos.
Nos llamaron al poco. Un grupo considerable de gente fue reuniéndose en una fila según las indicaciones de la guía. Nos dieron una tarjeta identificatoria para que no nos tirotearan a la mínima que nos separáramos del grupo, y subimos a otra sala abierta con regalos de países que sonaba a exótico, antiguo y cuentos. El recorrido supuso la visita a varias salas de reuniones y explicación de unos cuantos murales. En general, fue una experiencia más. Recomendada? Hmmm, por qué no?
Pasamos por la tienda de regalos, donde compré un par de postales con artículos de la Declaración de Derechos Humanos. Un dato durioso es que, al ser tierra internacional, las Naciones Unidas tienen sus propios sellos y servicio postal. Así que también adquirí lo necesario para poder enviar las postales desde allí. Pero no lo hice... seguro que sabeis por qué =)

Los estómagos protestaban y mi cámara se quejaba de no tener ninguna imagen guardada de Central Park. Cogimos el metro de nuevo y bajamos en la Quinta Avenida.
El Pulmón de la Gran Manzana bullía en ese domingo de familias, parejas, artistas callejeros y deportistas que, aprovechando el trocito de cielo iluminado, desentumecían el estrés y compraaban maíz para dar de comer a las palomas. "Clik, clok, clik..." mi dedo pulsaba el botón y disparaba la foto, grabando el instante de una nueva luz, sombra, hoja o ardilla. Cambié por dos veces el carrete. El contraste era tan grande que todavía tengo en la mente la imagen de un frondoso bosque y, detrás, como muralla protectora, los rascacielos que guiñaban y deslumbraban cuando el sol posaba sus rayos en los ventanales. Como si de una película se tratase, aparecimos frente a una conocida pista de hielo en la que los patinadores hacían piruetas. Pedí a una pareja que nos hiciera una foto; a cambio, les tomamos otra a ellos. Devueltas las cámaras a los respectivos dueños y para desdicha de los pies de Mry., seguimos andando. Había zonas del parque en las que se extendía un césped verde brillante, húmedo, tan grandes que podían jugarse un par de partidos de football, volleyball y baseball a la vez, además de lectores salpicando la hierba, y sobraba espacio.
No recuerdo cuánto tiempo estuvimos deambulando por allí. Nos fuimos para no morir de inanición. Dejamos el bosque para regresar a la jungla de asfalto y cristal. Me despedí de Central Park y su metira.

Almorzamos en una pequeña pizzería que me recordó a esos bares en España con innumeranbles tapas en la barra y servilletas y migas de pan en el suelo. Me supo a gloria la comida de todas formas.
Llegamos de alguna forma a Times Square. Anduve por última vez por Broadway y la Quinta Avenida, y el resto de calles, haciendo tiempo antes de irnos.
Compramos la cena para tomarla en el bus. Recogimos mi maleta en la estación. Esta vez nos atendió otro chico, con el mismo gesto adusto de la chica de por la mañana.
Como premio final, pudimos coger un autobús que salía media hora antes que el nuestro. En asientos separados, Mry. se volvía de vez en cuando para saludarme o ofrecerme almendras garrapiñadas que había comprado antes de irnos, a un carrito de olor dulce gobernado por un vendedor de sonrisa torcida. A mi lado había un hombre que pasó la mayor parte del tiempo hablando por el móvil, en susurros y murmullos. Pusieron una película Disney, estilo "Polo de guardería", pero con el cachas actual haciendo de super-canguro en vez de profesor infantil.
Las dos últimas horas dejé que Savage Garden diera la mano a Garriga y me llevaran hasta Mr.Big, que cantaba para animarme, o hundirme en la nostalgia:

Hold on little girl
Show me what he's done to you
Stand up little girl
A broken heart can't be that bad
When it's through, it's through
Fate will twist the both of you
So come on baby come on over
Let me be the one to show you

I'm the one who wants to be with you
Deep inside I hope you feel it too
Waited on a line of greens and blues
Just to be the next to be with you ♪

Espero que os haya gustado. Ahí está todo el viaje. O casi todo ; )

2 comentarios:

conocido anónimo dijo...

Me ha encantado leer tu viaje a NY!!
Y por cierto ya llego tu postal de Halooween!! Muy chula, gracias!!
Espero ver fotos de tooooodo =)
Ta mas ver!

Ayanami

Elendaewen dijo...

:) Que pronto ha llegado... y la postal de NY, llego tb?

Bezoz!